La testosterona ha ganado popularidad como una promesa para recuperar la vitalidad durante el envejecimiento, pero sus efectos sobre el corazón requieren atención: una revisión científica señala que tanto los niveles bajos como los elevados se relacionan con un mayor riesgo de fibrilación auricular, una alteración del ritmo cardíaco que puede favorecer los accidentes cerebrovasculares.

El trabajo, publicado en el Journal of the Endocrine Society, reunió evidencia de investigaciones anteriores para examinar la relación entre esta hormona y el funcionamiento del corazón.
Los investigadores identificaron un patrón en forma de U: el riesgo aumenta en ambos extremos, cuando la testosterona es insuficiente y cuando se encuentra en niveles elevados, lo que apunta a la importancia de mantener un equilibrio.
Rajat Barua, cardiólogo del Centro Médico de Asuntos de Veteranos de Kansas City, Misuri, y autor principal de la revisión, explicó que ambos extremos podrían influir en la aparición de fibrilación auricular mediante mecanismos biológicos diferentes.
La explicación está relacionada con la influencia de la testosterona sobre el sistema eléctrico que coordina los latidos del corazón, cuyo funcionamiento puede verse alterado por niveles demasiado bajos o altos de la hormona.
Estos hallazgos son relevantes para la terapia de reemplazo de testosterona, utilizada en hombres de mediana edad y mayores, pues los autores plantean que el tratamiento debe ajustarse a las necesidades de cada paciente y mantenerse bajo supervisión médica.
El objetivo, señalan, debe ser recuperar valores normales, sin buscar que la hormona alcance el límite superior del rango, mientras que las formulaciones de liberación continua podrían ayudar a evitar fluctuaciones.
La revisión también destaca la importancia de controlar el ritmo cardíaco, la presión arterial, los análisis de sangre y la función de los riñones y el hígado durante el tratamiento.
Antes de iniciar la terapia, los especialistas recomiendan evaluar factores como la obesidad, la apnea del sueño, la hipertensión y el consumo de alcohol, para orientar las decisiones según el estado de salud de cada persona.
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