El dolor de espalda es uno de los problemas de salud más frecuentes y una causa habitual de consulta médica. Frente a esta situación, cada vez más especialistas recomiendan evitar el reposo prolongado y trabajar de manera progresiva la musculatura del core, encargada de estabilizar la columna y brindar soporte durante los movimientos cotidianos.

Tommy Álvarez, licenciado en Ciencias del Deporte y Actividad Física y especialista en alto rendimiento, explicó a Sport Life que la efectividad de un ejercicio no depende únicamente del movimiento elegido, sino de la forma en que se ejecuta.
En personas con sensibilidad lumbar que no presentan lesiones estructurales diagnosticadas, algunos ejercicios funcionales pueden contribuir a mejorar la estabilidad, recuperar movilidad y disminuir las molestias. Sin embargo, deben realizarse con control, sin forzar el cuerpo y respetando las capacidades individuales.
El especialista señaló que muchas personas abandonan la actividad física al sentir la primera incomodidad, aunque en algunos casos el problema no es el ejercicio, sino una postura incorrecta, una intensidad excesiva o una técnica poco adecuada.
Cuarto de crunch con banda elástica
El primer ejercicio recomendado es el cuarto de crunch con banda elástica. A diferencia del abdominal tradicional, no requiere levantar completamente el torso, sino realizar una elevación corta y controlada que permita activar los músculos del abdomen y la parte superior del tronco.
Antes de iniciar el movimiento, es importante contraer la musculatura abdominal como si se formara una especie de cinturón alrededor del cuerpo. Esta activación ayuda a mantener la espalda estable y evita que otras zonas compensen el esfuerzo.
La espalda debe conservar una posición neutra, los omóplatos mantenerse firmes y la barbilla dirigirse ligeramente hacia el cuello. En lugar de intentar incorporarse por completo, la cabeza debe elevarse en dirección al techo mientras el torso permanece estable.
El ejercicio puede realizarse mediante repeticiones controladas o manteniendo la posición durante tres o cuatro ciclos de respiración antes de regresar lentamente al suelo.
Insecto corto con resistencia
La segunda opción es el insecto corto, una adaptación del ejercicio conocido como dead bug. Se trata de una variante accesible para quienes presentan mayor sensibilidad en la zona lumbar o todavía no tienen suficiente control sobre la pelvis.
La persona debe acostarse boca arriba, elevar las piernas y mantener las rodillas flexionadas en un ángulo aproximado de 90 grados. Desde esa posición, se baja una pierna hasta tocar suavemente el suelo con la punta del pie y luego se regresa al punto inicial para repetir el movimiento con el lado contrario.
Durante toda la ejecución, la zona lumbar debe permanecer apoyada contra el suelo. También es necesario mantener activos el abdomen y los músculos de la espalda, evitando que la pelvis se levante o se desplace.
Este movimiento favorece el control corporal y fortalece los músculos que estabilizan la cadera, la pelvis y la región lumbar. Su recorrido reducido permite desarrollar una base sólida antes de avanzar hacia ejercicios de mayor dificultad.
Insecto largo con resistencia
El insecto largo representa una progresión del ejercicio anterior y requiere mayor estabilidad y coordinación. La posición inicial es la misma, pero en esta ocasión se extiende una pierna completamente hacia el suelo sin llegar a apoyarla.
Mientras una pierna se alarga, la pelvis debe permanecer inmóvil y la zona lumbar continuar presionando el suelo. Después se regresa a la posición inicial y se repite el movimiento con la pierna contraria.
Si la espalda se arquea, la pelvis pierde estabilidad o aparece dolor, significa que el nivel de dificultad todavía es demasiado alto. En ese caso, conviene regresar al insecto corto hasta desarrollar un mayor control muscular.
Álvarez destacó que las progresiones deben realizarse sin prisa. Dominar primero los movimientos más sencillos permite mejorar la técnica y reducir las compensaciones que podrían aumentar las molestias.
Estos ejercicios pueden ayudar a fortalecer el core y mejorar el soporte de la columna, siempre que se realicen de manera gradual y sin dolor. Las personas con molestias persistentes, lesiones previas o síntomas intensos deben consultar con un profesional de la salud antes de comenzar una rutina de entrenamiento.
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