La combinación entre biología y tecnología está dando lugar a desarrollos que hace pocos años parecían ciencia ficción: insectos vivos equipados con dispositivos electrónicos y diminutos robots inspirados en ellos que cumplen tareas de vigilancia, exploración y apoyo agrícola.

En el ámbito militar, fuerzas vinculadas a la OTAN han comenzado a utilizar cucarachas equipadas con pequeñas “mochilas” tecnológicas para misiones de reconocimiento. Estos insectos incorporan sensores, sistemas de comunicación encriptada e incluso herramientas de procesamiento de datos que permiten enviar información en tiempo real desde entornos hostiles o de difícil acceso. El ejército alemán figura entre los usuarios de este sistema, desarrollado por la empresa SWARM Biotactics, que pasó de la fase experimental en laboratorio a operaciones reales en Europa y Estados Unidos.
Las cucarachas no son creadas artificialmente: se reproducen de manera natural y posteriormente se les instala el dispositivo. Su desplazamiento se orienta mediante impulsos eléctricos suaves, mientras un software coordina el movimiento del enjambre para optimizar la recopilación de datos en zonas donde los robots tradicionales no pueden operar con facilidad.
En paralelo, la robótica miniaturizada avanza con propuestas completamente mecánicas. Ingenieros de la Universidad de California en Berkeley diseñaron un robot volador del tamaño de un abejorro, con menos de un centímetro de diámetro y apenas 21 miligramos de peso. Su propósito es doble: contribuir a la polinización artificial y explorar espacios extremadamente reducidos, como el interior de tuberías industriales.
A diferencia de otros dispositivos, este robot no incorpora baterías ni sistemas electrónicos complejos. Funciona mediante dos diminutos imanes que giran como una hélice cuando se aplica un campo magnético externo, lo que le permite elevarse y desplazarse en el aire imitando el vuelo de una abeja. La dirección se controla desde el exterior ajustando la intensidad del campo magnético. Por ahora, solo puede recorrer distancias cortas y seguir trayectorias predeterminadas, sin capacidad para corregir su rumbo ante imprevistos como ráfagas de viento. Los investigadores trabajan en la incorporación futura de sensores que permitan un vuelo más autónomo y preciso.
Otro avance relevante proviene del Instituto de Tecnología de Pekín, donde científicos lograron controlar el vuelo de una avispa real mediante impulsos eléctricos aplicados directamente a su cerebro. Este desarrollo permite guiar al insecto hacia destinos específicos, manteniendo sus funciones biológicas esenciales intactas.
El objetivo de esta tecnología es aprovechar la agilidad natural de estos animales para acceder a espacios diminutos, realizar tareas de vigilancia o incluso apoyar procesos de polinización. Según los investigadores, el procedimiento no causa daño al insecto y representa un primer paso hacia una nueva etapa de la robótica biológica, en la que organismos vivos y sistemas electrónicos trabajan de manera integrada para resolver desafíos en entornos complejos.
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