En la edición francesa de Forbes, el anestesiólogo y especialista en longevidad Denys Coester reflexiona sobre el impacto de la tecnología avanzada en la medicina y plantea una pregunta central: ¿podría contribuir a hacer la atención médica más humana en lugar de alejarla de las personas?

Frente a las predicciones pesimistas que advierten sobre una medicina cada vez más fría y automatizada, el médico propone una visión distinta. Según su análisis, cuando se utiliza de manera adecuada, esta tecnología puede fortalecer la relación entre médico y paciente en lugar de debilitarla.
Coester resume su postura en tres ideas principales. Primero, estas herramientas permiten reducir el tiempo que los médicos dedican a tareas administrativas. Segundo, pueden mejorar la precisión en los diagnósticos al analizar grandes volúmenes de información médica. Y tercero, facilitan el acompañamiento del paciente entre una consulta y otra.
Para el especialista, lejos de reemplazar al profesional de la salud, estas herramientas tecnológicas pueden potenciar su trabajo. De hecho, su presencia en el ámbito médico no es nueva. Desde hace años se utilizan sistemas informáticos avanzados para apoyar diagnósticos y análisis clínicos. Sin embargo, su crecimiento también ha despertado inquietudes: la posibilidad de una medicina menos humana, el temor a errores automatizados o la idea de que los médicos puedan ser sustituidos por algoritmos.
Coester considera que esos temores parten de una visión incompleta. A su juicio, lo que se aproxima no es el fin del vínculo humano en la medicina, sino una transformación de ese vínculo.
Uno de los cambios más importantes se relaciona con el tiempo que los profesionales dedican a tareas burocráticas. Muchos pacientes desconocen que gran parte de la jornada médica se consume entre formularios, informes, protocolos y registros. Esa carga administrativa reduce el tiempo disponible para escuchar y acompañar al paciente.
En ese contexto, las herramientas tecnológicas pueden asumir buena parte de ese trabajo repetitivo. Por ejemplo, algunos sistemas ya son capaces de escuchar una consulta, elaborar un informe médico preliminar, sugerir un plan terapéutico y generar órdenes clínicas. Luego el médico revisa, corrige y valida el contenido. De esa forma, puede concentrarse en el contacto directo con la persona.
El especialista compara este avance con la aparición del estetoscopio. Así como ese instrumento permitió al médico escuchar mejor el cuerpo del paciente, los sistemas actuales amplían la capacidad de analizar información clínica. Según explica, estos programas pueden detectar señales que el ojo humano o el examen clínico tradicional podrían pasar por alto.
Entre los ejemplos que menciona se encuentran la detección temprana de anomalías en la retina, la identificación de melanomas en la piel o la interpretación más precisa de imágenes complejas como las resonancias magnéticas.
El aporte resulta especialmente valioso en el campo de la geriatría. A diferencia de otras especialidades centradas en un órgano o enfermedad específica, el trabajo con personas mayores implica analizar múltiples variables al mismo tiempo: resultados de laboratorio, marcadores inflamatorios, indicadores metabólicos, signos de envejecimiento biológico y hábitos de vida.
Para Coester, el cerebro humano no está diseñado para procesar simultáneamente una cantidad tan amplia y diversa de información con el mismo nivel de precisión que un sistema computacional bien entrenado. Por eso considera que estas herramientas se convierten en aliadas para ampliar la perspectiva clínica.
El médico aclara, sin embargo, que no se trata de delegar decisiones. En su práctica, utiliza estos recursos para enriquecer el análisis y obtener una segunda opinión, pero la decisión final siempre permanece en manos del profesional.
En ese sentido, sostiene que no se trata de una inteligencia superior a la del médico, sino de una inteligencia complementaria que puede transformar la intuición clínica en un proceso más riguroso y completo.
Otra área en la que vislumbra grandes cambios es en la relación continua con los pacientes. El especialista imagina un futuro cercano en el que cada médico pueda contar con un asistente virtual personalizado. Este sistema, entrenado con el estilo de atención y las recomendaciones habituales del profesional, podría responder preguntas básicas de los pacientes entre consultas o recordarles aspectos de su tratamiento.
El objetivo no sería sustituir al médico, sino prolongar el vínculo más allá de la consulta presencial.
Este acompañamiento resulta especialmente relevante en la medicina de la longevidad. En muchos casos, el tratamiento consiste en modificar hábitos de vida, algo que suele resultar difícil de sostener sin apoyo constante.
Aquí aparece otra posibilidad: la figura de un “entrenador digital de salud”. Algunas aplicaciones ya permiten al paciente seguir sus indicadores médicos, comprender mejor los resultados de sus estudios, recibir alertas, recomendaciones diarias e incluso mensajes de motivación.
Para Coester, estas herramientas pueden funcionar como un compañero de cuidado que ayude a mantener la motivación y facilite una participación más activa en el proceso de salud.
Además, también pueden ayudar a que los pacientes lleguen mejor preparados a la consulta, con preguntas más claras y mayor comprensión de su situación médica.
El especialista reconoce que muchas de estas soluciones aún están en desarrollo. Todavía no existen sistemas plenamente integrados capaces de abarcar toda la complejidad de una medicina preventiva y personalizada. Por eso insiste en que su diseño debe realizarse junto a los profesionales de la salud.
A su juicio, las herramientas realmente útiles serán aquellas que se construyan a partir de la práctica clínica, que comprendan el lenguaje de los pacientes y se adapten a la filosofía de cada médico.
En conclusión, Coester sostiene que estas innovaciones no deberían interpretarse como una amenaza, sino como una oportunidad para recuperar algo que la medicina moderna ha ido perdiendo: el tiempo y la presencia del médico junto al paciente.
En un ámbito tan complejo como el de la longevidad, donde cada historia clínica es única y cada detalle cuenta, la combinación entre tecnología avanzada y experiencia humana podría abrir nuevas posibilidades para el cuidado de la salud. En palabras del especialista, se trataría de una medicina ampliada por la tecnología, pero sobre todo de una medicina más humana.
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