El cuidado de la salud auditiva se ha convertido en un tema cada vez más relevante. El uso frecuente de auriculares y dispositivos de audio personales ha crecido en todo el mundo, especialmente entre jóvenes, lo que ha aumentado la preocupación de especialistas por el riesgo de daño en el oído. Frente a esta realidad, expertos en salud han difundido una recomendación sencilla que ayuda a reducir la exposición a sonidos perjudiciales y promueve hábitos de escucha más seguros.

Diversos estudios científicos, respaldados por organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS), advierten que millones de personas están en riesgo de sufrir pérdida auditiva causada por la exposición prolongada a ruidos intensos. Los dispositivos actuales pueden alcanzar niveles cercanos a los 110 decibelios, un volumen comparable al de un concierto, capaz de afectar las células del oído interno incluso después de pocos minutos de exposición.
Investigaciones citadas por instituciones como The National Institutes of Health (NIH) señalan que tanto la intensidad del sonido como la duración de la exposición influyen directamente en el daño auditivo. Incluso sonidos muy fuertes durante periodos cortos pueden ser perjudiciales, mientras que exposiciones prolongadas a niveles moderados también representan un riesgo para la salud.
El oído interno contiene células especializadas llamadas células ciliadas cocleares, responsables de transformar las vibraciones del sonido en señales eléctricas que el cerebro interpreta como audición. Una vez dañadas, estas células no se regeneran, por lo que el deterioro auditivo suele ser acumulativo y permanente. Debido a esto, limitar tanto el volumen como el tiempo de exposición al sonido se considera una de las medidas más eficaces para proteger la audición a largo plazo.
Los especialistas recomiendan mantener el volumen de los dispositivos por debajo de niveles elevados y realizar pausas periódicas durante la escucha prolongada. Respetar estos límites ayuda a mantener la exposición sonora por debajo de los 85 decibelios, considerado el umbral máximo recomendado para evitar daños cuando se escucha durante largos periodos.

El riesgo aumenta cuando las personas utilizan auriculares en entornos ruidosos, ya que tienden a subir el volumen para compensar el sonido del ambiente. Por ello, los expertos sugieren optar por auriculares con cancelación de ruido, que permiten escuchar con claridad a menor volumen. La OMS advierte que más de mil millones de jóvenes en el mundo podrían estar en riesgo de desarrollar pérdida auditiva debido al uso inadecuado de dispositivos de audio personales.
La relación entre volumen y tiempo de exposición también es determinante. Cada incremento de 3 decibelios reduce a la mitad el tiempo seguro de escucha. Por ejemplo, escuchar música a 94 dB puede ser seguro durante aproximadamente una hora, mientras que a 100 dB el tiempo recomendado disminuye a cerca de 15 minutos.
Especialistas del Servicio de Otorrinolaringología del Hospital Universitario Quirónsalud Madrid señalan que actualmente se está observando una pérdida auditiva cada vez más temprana en jóvenes debido al uso incorrecto de auriculares.
Para reducir estos riesgos, existen varias recomendaciones prácticas. Muchos teléfonos inteligentes y reproductores de música permiten configurar límites de volumen desde el sistema. También se pueden utilizar temporizadores o alarmas que recuerden hacer pausas después de periodos prolongados de escucha. Incluso existen aplicaciones que monitorean la exposición diaria al sonido y alertan cuando se superan niveles considerados seguros.
El tipo de auricular también influye en la seguridad auditiva. Los auriculares supraaurales, que cubren completamente la oreja, suelen requerir menos volumen para ofrecer una buena calidad de sonido en comparación con los intraurales, que se insertan dentro del oído. Otra recomendación útil es realizar la llamada “prueba de conversación”: si resulta difícil escuchar a alguien que habla cerca mientras se usan auriculares, es probable que el volumen sea demasiado alto.
Además, los especialistas aconsejan incluir momentos de silencio durante el día para permitir la recuperación del oído. El ruido al que se expone una persona no proviene únicamente de los auriculares, sino también del tráfico, lugares de trabajo y otros entornos cotidianos. Por esta razón, se recomienda realizar controles auditivos periódicos, especialmente si se usan dispositivos de audio con frecuencia o aparecen síntomas como zumbidos, presión en el oído o dificultad para entender conversaciones en ambientes ruidosos.
Los niños y adolescentes representan uno de los grupos más vulnerables a los efectos del ruido. Para ellos, algunos expertos sugieren medidas aún más conservadoras, como reducir el volumen permitido y limitar el tiempo de uso de los dispositivos. Muchos equipos electrónicos incluyen controles parentales que permiten restringir el volumen máximo para evitar exposiciones perjudiciales.
Finalmente, los especialistas destacan que la prevención depende en gran medida de la educación y la concientización desde edades tempranas. Enseñar a reconocer los riesgos asociados al ruido y fomentar hábitos responsables de escucha puede ayudar a preservar la audición a lo largo de toda la vida. La capacidad de oír es un recurso irremplazable, y su cuidado depende de decisiones cotidianas que cada persona puede adoptar.
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