Una investigación realizada en Rusia plantea que la radioterapia en dosis bajas podría ayudar a reducir el dolor de la osteoartritis de rodilla y mejorar la movilidad. Los resultados también sugieren un posible efecto sobre el deterioro de la articulación, aunque todavía se necesitan estudios más rigurosos para confirmarlo.
El trabajo incluyó a 292 personas con enfermedad en etapas tempranas y un seguimiento de casi 12 años. Los hallazgos se presentaron en una reunión de la Sociedad Americana de Oncología Radioterápica, en Boston, y deben considerarse preliminares hasta su publicación en una revista científica con revisión por pares.

Menos dolor y mejor movilidad
Los participantes tenían una edad promedio de 38 años. Un grupo recibió glucosamina y condroitina; otro recibió esos mismos medicamentos junto con radioterapia mediante rayos X de baja energía dirigidos a la rodilla.
Quienes recibieron radiación reportaron una reducción del dolor y mejoras duraderas en la función física y la calidad de vida, en comparación con el grupo tratado únicamente con medicamentos. Las resonancias magnéticas también mostraron un menor deterioro articular.
Nagendra Koneru, coautor del estudio y oncólogo radioterápico de la Universidad Loyola, explicó que la coincidencia entre el alivio de los síntomas y los cambios observados en las imágenes permite investigar si el tratamiento podría influir en la evolución de la enfermedad.
Resultados alentadores a largo plazo
Las diferencias también aparecieron en los registros de discapacidad y reemplazo de rodilla. Entre los pacientes con osteoartritis de grado 2, el 31 % de quienes recibieron radioterapia presentó discapacidad durante el seguimiento, frente al 61 % del grupo que no recibió ese tratamiento.
En ese mismo grado de enfermedad, el 14 % de los pacientes tratados con radiación necesitó una prótesis de rodilla, en comparación con el 36 % de quienes recibieron solo medicación.
Para los investigadores, esta etapa podría ofrecer una oportunidad de intervención antes de que exista un daño articular extenso. Sin embargo, los resultados aún no demuestran que la radioterapia sea capaz de frenar la enfermedad.
Por qué se estudia la radiación
Aunque suele asociarse con el tratamiento del cáncer, la radioterapia también se utiliza en dosis menores para algunas afecciones benignas. En este caso, el objetivo es reducir la inflamación local que puede contribuir al dolor y al deterioro de la articulación.
Los autores señalan que esta modalidad se ha empleado durante décadas en algunos países europeos para aliviar molestias articulares. La investigación busca determinar si sus efectos podrían ir más allá del control de los síntomas.
Durante el seguimiento no se notificaron reacciones locales a la radiación ni cánceres en la zona tratada. Esa observación, por sí sola, no permite descartar todos los riesgos del procedimiento.
Qué falta por comprobar
El siguiente paso propuesto es un ensayo aleatorizado en varios centros, que compare la radioterapia con un procedimiento simulado sin radiación real. Esto permitiría evaluar con mayor certeza sus beneficios y su seguridad.
Gopal Bajaj, especialista que no participó en el estudio, destacó que las mejoras reportadas por los pacientes estuvieron acompañadas de diferencias visibles en las resonancias. Consideró que esa combinación justifica continuar investigando.
Por ahora, los hallazgos abren una línea de estudio prometedora, pero no bastan para establecer la radioterapia en dosis bajas como un tratamiento habitual para la osteoartritis de rodilla.
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