El té verde se perfila como una de las bebidas más recomendadas para apoyar el control de la presión arterial alta, de acuerdo con EatingWell, que destaca sus posibles beneficios cardiovasculares a partir de estudios clínicos. Investigaciones revisadas por la American Heart Association han señalado que su consumo regular puede relacionarse con reducciones moderadas, pero significativas, tanto en la presión sistólica como en la diastólica. Un metaanálisis publicado en The Journal of Hypertension, con datos de más de 1,600 participantes, encontró que el té verde podría contribuir a una disminución aproximada de 3 mmHg en la presión sistólica y 1 mmHg en la diastólica, por lo que se considera un complemento dentro de hábitos saludables para personas que buscan cuidar su salud cardiovascular.

La hipertensión ocurre cuando la sangre ejerce demasiada presión sobre las paredes de los vasos sanguíneos, por lo que la alimentación y el estilo de vida juegan un papel importante en su control. En ese sentido, planes como la dieta DASH recomiendan priorizar frutas, verduras, cereales integrales, proteínas magras y lácteos bajos en grasa, además de reducir el consumo de sal, carnes rojas, azúcares añadidos y grasas saturadas. Mayo Clinic también señala que el té verde puede aportar beneficios, pero recuerda que no debe sustituir tratamientos médicos ni recomendaciones profesionales, especialmente en personas diagnosticadas con presión alta.
Los posibles efectos del té verde se atribuyen principalmente a las catequinas, compuestos antioxidantes que podrían favorecer la función de los vasos sanguíneos, mejorar la producción de óxido nítrico y ayudar a reducir la inflamación y el estrés oxidativo. El óxido nítrico contribuye a relajar y ensanchar los vasos sanguíneos, facilitando una mejor circulación. Además, el té verde contiene cafeína en cantidades moderadas, lo que puede generar un efecto temporal en el flujo sanguíneo, aunque su consumo debe mantenerse dentro de una rutina equilibrada.
Para prepararlo, basta con infusionar las hojas o la bolsita de té verde en agua caliente durante tres a cinco minutos y luego retirarlas antes de beberlo. También puede consumirse frío, siempre procurando no añadir demasiada azúcar o miel, ya que el exceso de azúcares puede afectar negativamente la salud cardiovascular. Aunque no existe una cantidad exacta recomendada para reducir la presión arterial, incluir té verde como parte de una alimentación balanceada, junto con actividad física y control médico, puede ser una opción sencilla para apoyar el bienestar del corazón.
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