Durante años, este nutriente fue relacionado principalmente con la salud ósea, pero la evidencia científica actual demuestra que su función en el organismo es mucho más amplia. Diversos estudios han identificado su participación en procesos vinculados al sistema inmunológico, la actividad cerebral, la salud cardiovascular y la prevención de distintas enfermedades crónicas.

La principal fuente proviene de la exposición de la piel a la luz solar, aunque también puede obtenerse mediante ciertos alimentos y suplementos. Sin embargo, factores como la poca exposición al sol, la época del año, la edad o la pigmentación cutánea dificultan alcanzar niveles adecuados. De acuerdo con datos del Servicio Nacional de Salud del Reino Unido, cerca de la mitad de los adultos presentan valores inferiores a los recomendados.
Especialistas recomiendan una ingesta diaria de 10 microgramos para adultos y niños mayores de cinco años durante los meses con menos radiación solar. En algunos grupos, como adultos mayores, mujeres embarazadas, personas con piel oscura o quienes permanecen poco tiempo al aire libre, puede ser necesaria la suplementación durante todo el año.
Las investigaciones también revelan beneficios importantes en distintas áreas de la salud. Un estudio realizado en Brasil con mujeres sometidas a quimioterapia por cáncer de mama encontró que la suplementación diaria ayudó a mejorar la respuesta al tratamiento y elevó significativamente las probabilidades de remisión.
En el ámbito cardiovascular, investigadores estadounidenses observaron que pacientes que habían sufrido un infarto redujeron hasta en un 50 % el riesgo de presentar otro episodio tras recibir dosis ajustadas de suplementación. Además, especialistas señalan que niveles bajos se relacionan con mayor riesgo de accidentes cerebrovasculares y enfermedades cardíacas.
La salud cerebral también podría verse favorecida. Un seguimiento realizado en más de 1,600 personas reveló que quienes presentaban deficiencia tenían más probabilidades de desarrollar demencia o enfermedad de Alzheimer. Los científicos explican que este nutriente contribuye a disminuir la inflamación y el estrés oxidativo en el cerebro.
Otro de sus aportes más conocidos está relacionado con la absorción de calcio y fósforo, esenciales para mantener huesos y dientes fuertes. Su insuficiencia puede provocar problemas como osteomalacia, raquitismo y mayor riesgo de fracturas o caídas, especialmente en adultos mayores.
Los estudios además muestran beneficios en la salud bucal, la fuerza muscular y la respuesta inmunológica. Niveles adecuados favorecen la función muscular, ayudan al organismo a combatir infecciones y participan en la transmisión de señales entre el cerebro y el cuerpo. Incluso algunas investigaciones sugieren una posible influencia positiva en la salud mental y el estado de ánimo.
Entre las principales fuentes alimenticias se encuentran pescados grasos, yema de huevo, lácteos, hongos y productos fortificados. Aun así, la deficiencia puede pasar desapercibida durante mucho tiempo o manifestarse mediante fatiga, debilidad muscular, dolor óseo y problemas cognitivos.
Los expertos advierten que el consumo excesivo mediante suplementos también puede resultar perjudicial y provocar complicaciones como hipercalcemia, alteraciones renales o problemas cardíacos. Por ello, recomiendan acudir a un profesional de la salud antes de iniciar cualquier suplementación y realizar controles médicos periódicos para garantizar niveles seguros y adecuados.
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