La broma de 15 minutos que llevó a Pet Shop Boys del estudio a la polémica religiosa
La broma de 15 minutos que llevó a Pet Shop Boys del estudio a la polémica religiosa
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Pet Shop Boys alcanzó uno de los momentos más importantes de su carrera cuando It’s a Sin llegó al primer lugar de las listas británicas y se convirtió en uno de los grandes éxitos del pop electrónico de los años ochenta. El tema, lanzado como adelanto de Actually, el segundo álbum de estudio del dúo integrado por Neil Tennant y Chris Lowe, fortaleció su posición como una de las propuestas más influyentes de la música synth-pop.

La canción permaneció varias semanas en la cima de los rankings del Reino Unido y también logró una fuerte repercusión internacional, llegando a colocarse entre los primeros lugares de las listas en Estados Unidos. Aunque había sido compuesta años antes, el grupo decidió reservarla para su segundo disco, donde finalmente encontró su versión definitiva bajo la producción de Stephen Hague.

Detrás de su sonido dramático y poderoso había una letra marcada por la culpa, la ironía y los recuerdos de Neil Tennant sobre su educación en una escuela católica en Newcastle. El cantante explicó tiempo después que la canción surgió de forma espontánea y que la escribió en apenas unos minutos, más como una especie de broma exagerada que como una declaración seria contra la religión.

Sin embargo, el público la interpretó de otra manera. Para muchos, It’s a Sin se convirtió en una crítica directa a la culpa religiosa y a los dogmas impuestos desde la infancia. Su impacto fue tan grande que incluso provocó comentarios dentro de sectores de la Iglesia católica, donde algunos llegaron a reflexionar sobre el cambio del discurso religioso, pasando de una visión basada en el castigo a una más cercana al amor y la comprensión.

La producción musical también fue clave para convertirla en un tema inolvidable. Pet Shop Boys mezcló sintetizadores, sonidos electrónicos, grabaciones de ambiente religioso y una cuenta regresiva espacial, creando una atmósfera intensa, teatral y casi cinematográfica. A esto se sumó un videoclip dirigido por Derek Jarman, cargado de imágenes religiosas, símbolos de juicio y una estética provocadora que reforzó la controversia.

El éxito también vino acompañado de una acusación de plagio por parte del presentador británico Jonathan King, quien aseguró que la canción tenía similitudes con Wild World, de Cat Stevens. Pet Shop Boys respondió legalmente, ganó el caso y destinó la compensación económica a organizaciones benéficas.

Con el paso del tiempo, It’s a Sin dejó de ser solo un éxito de época para convertirse en una de las canciones más representativas del dúo. Su mezcla de ironía, dramatismo, provocación y energía pop la mantiene vigente en los conciertos de Pet Shop Boys, donde continúa siendo uno de los momentos más esperados por el público.

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