El 5 de marzo de 2001, Aerosmith lanzó su decimotercer álbum de estudio, un trabajo que marcó una etapa distinta en la trayectoria del grupo por su fuerte acercamiento al pop rock dominante de comienzos del siglo XXI. El proyecto apareció en un momento particular para la banda, que pocos años antes había alcanzado su primer número uno con la balada I Don't Want to Miss a Thing, incluida en la banda sonora de la película Armageddon.
Durante el final de los años 80 y gran parte de los 90, el grupo había recuperado protagonismo comercial gracias a canciones como Rag Doll, Dude (Looks Like a Lady), Janie's Got a Gun, Livin' on the Edge y Cryin'. Muchos de estos éxitos surgieron en colaboración con compositores externos, una fórmula que ayudó a revitalizar su carrera, pero que también comenzó a generar tensiones dentro de la banda.

Un proceso creativo marcado por la distancia
La producción del nuevo material comenzó en el año 2000. Steven Tyler y Joe Perry iniciaron el trabajo en el estudio casero del guitarrista, conocido como “Boneyard”. Las sesiones contaron con la coproducción de Marti Frederiksen y Mark Hudson, aunque el resto de los integrantes grabó sus partes por separado, lo que alteró la dinámica colectiva que había caracterizado al grupo durante décadas.
Con el paso del tiempo, Perry expresó su desacuerdo con varias decisiones creativas tomadas durante esas sesiones. En su libro Rocks: My Life in and out of Aerosmith, el guitarrista criticó algunos temas del álbum. Sobre uno de ellos escribió:
“Ciertas canciones, como Trip Hoppin, parecían un intento desesperado y ridículo de Steven por ser moderno”.
Según relató, incluso llegó a decirle directamente al cantante:
“Para un disco de Aerosmith, la canción apesta”.
El conflicto detrás de uno de sus mayores éxitos de la época
Las diferencias se intensificaron durante la creación de Jaded, el sencillo que posteriormente alcanzaría el Top 10 del Billboard y recibiría una nominación al premio Grammy.
Tyler compuso la canción junto a Frederiksen durante un viaje en el que Perry no participó, situación que el guitarrista describió como una experiencia dolorosa. Para él, la exclusión representaba una ruptura con la histórica sociedad creativa que ambos habían construido a lo largo de los años.
El propio Tyler recordó el episodio en sus memorias Does the Noise in My Head Bother You?. Allí relató que, cuando regresaron al estudio, Perry descubrió que la canción ya estaba terminada sin su participación, lo que generó fuertes reproches dentro del grupo.
Perry comparó su relación artística con la de otras duplas legendarias de la música, como las de The Beatles o The Rolling Stones, y afirmó que esas asociaciones funcionaban porque sus integrantes se apoyaban mutuamente. Según su visión, Tyler solo veía al resto del grupo como un equipo cuando la situación lo favorecía.
Éxito comercial y presión de la industria
A pesar de las tensiones internas, el álbum tuvo un buen desempeño comercial. Alcanzó el segundo lugar del Billboard 200, obtuvo certificación de platino y logró una fuerte presencia en MTV gracias al éxito de Jaded.
El propio Tyler recordaría posteriormente la presión que existía durante ese período. Según explicó, la discográfica Sony había advertido que si el grupo no lograba un nuevo éxito importante, su continuidad con el sello podía verse comprometida.
Una estética futurista y una extensa gira
La imagen del álbum también reflejaba la búsqueda de una estética distinta. La portada fue diseñada por el reconocido artista japonés Hajime Sorayama, conocido por sus ilustraciones de estilo futurista.
Para promocionar el lanzamiento, la banda emprendió la Just Push Play Tour, una gira que se desarrolló entre junio de 2001 y enero de 2002.
Una obra que dividió opiniones dentro de la banda
Con el paso de los años, Joe Perry mantuvo una visión crítica sobre ese período. En 2010, durante una entrevista con Classic Rock, expresó con franqueza su opinión sobre el disco.
“No creo que hayamos hecho un álbum decente en años. Just Push Play es mi menos favorito… Fue una experiencia de aprendizaje: me mostró cómo no hacer un disco de Aerosmith”.
A pesar de las diferencias internas que lo rodearon, el álbum quedó registrado como una etapa singular en la historia del grupo: un momento en el que el éxito comercial convivió con tensiones creativas que pusieron a prueba la relación entre sus integrantes.
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