Roger Waters volvió a cuestionar a un colega por su postura frente a la política. Esta vez, sus críticas estuvieron dirigidas a James Hetfield, después de que el vocalista de Metallica defendiera los conciertos como un espacio para desconectarse de los problemas del mundo.

Durante una presentación en el Sphere de Las Vegas, Hetfield explicó que la banda no pretendía utilizar el escenario para influir en las opiniones del público. Su intención, señaló, era ofrecer una experiencia centrada en la música y permitir que los asistentes dejaran de lado, por unas horas, lo que ocurre fuera del recinto.
El cantante resumió esa idea al afirmar que la agenda de Metallica se basa en el amor, la energía y la música pesada. La declaración recibió aplausos entre los presentes, pero provocó una respuesta muy distinta por parte del exintegrante de Pink Floyd.
En una conversación con Katie Halper para su podcast, Waters expresó su hartazgo con Hetfield y lo descalificó en repetidas ocasiones. También puso en duda su condición de músico y sostuvo que la fortuna o el éxito no compensan la falta de sensibilidad hacia otras personas.
Sus comentarios reflejan una diferencia en la forma de entender el papel de los artistas. Waters, conocido por su activismo a favor de Palestina, considera necesario pronunciarse sobre asuntos internacionales y ya ha cuestionado públicamente a figuras como Thom Yorke y Ed Sheeran.
La discusión también se relaciona con la controversia entre Sheeran y Macklemore, mencionada en el contexto de las palabras de Hetfield. El debate gira en torno a una pregunta que divide a músicos y seguidores: qué responsabilidad tienen las figuras del entretenimiento de expresar sus posiciones políticas.
En el caso de Metallica, esa discusión adquiere otro matiz por el contenido de su propia discografía. Aunque la banda ha evitado asumir determinadas posiciones partidarias en sus declaraciones, obras como …And Justice for All abordan la corrupción, los abusos de poder y las fallas del sistema judicial.
El cruce expone así dos visiones sobre el escenario: la de quienes lo consideran un lugar para tomar distancia de la actualidad y la de quienes lo entienden como una plataforma para denunciar lo que sucede fuera de él.
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