El WiFi podría rastrear tu identidad, aunque tu teléfono esté apagado
El WiFi podría rastrear tu identidad, aunque tu teléfono esté apagado

Durante años, la vigilancia digital se relacionó principalmente con cámaras, micrófonos, ubicación GPS o teléfonos móviles conectados. Sin embargo, una investigación realizada por un equipo alemán plantea un nuevo escenario: las señales de una red inalámbrica doméstica o pública podrían ser suficientes para reconocer a una persona, incluso si no lleva ningún dispositivo encendido consigo.

El hallazgo cambia la forma en que se entiende la privacidad tecnológica. Ya no se trata únicamente de los datos que una persona comparte en internet o de los permisos que concede a una aplicación, sino de cómo su presencia física puede alterar las ondas que circulan en un espacio determinado. Esas pequeñas modificaciones podrían convertirse en una especie de firma corporal invisible.

El estudio explica que las señales inalámbricas no solo sirven para conectar dispositivos y transportar información. También interactúan con paredes, muebles y cuerpos humanos. Cada persona, por su altura, complexión, postura y forma de moverse, modifica el recorrido de esas ondas de una manera particular. Con suficiente análisis, esos cambios pueden ser utilizados para distinguir a un individuo de otro.

La clave técnica del trabajo está en un mecanismo conocido como información de retroalimentación de beamforming, utilizado desde el estándar 802.11ac para ayudar al router a mejorar la orientación de la señal y ofrecer mayor estabilidad de conexión. El problema es que parte de esa información puede transmitirse sin cifrado, lo que abre la posibilidad de ser capturada y analizada.

A partir de esos datos, los investigadores desarrollaron un sistema llamado BFId, capaz de identificar patrones físicos asociados a cada participante. Para lograrlo, utilizaron routers comerciales, tarjetas inalámbricas comunes y modelos de aprendizaje automático. La propuesta no depende de cámaras, sensores especiales ni equipos militares, sino de componentes tecnológicos que ya existen en muchos entornos cotidianos.

Uno de los puntos más relevantes es que este método resulta más accesible que técnicas anteriores basadas en información del estado del canal, conocidas como CSI. Ese tipo de medición suele requerir hardware específico o firmware modificado, por lo que su aplicación es más limitada. En cambio, el nuevo enfoque utiliza información más común dentro del funcionamiento habitual de las redes modernas.

Para probar el sistema, el equipo analizó a 197 personas en diferentes escenarios. Según los resultados, la herramienta logró reconocer individuos con una precisión cercana al 99,5 %, incluso cuando cambiaban levemente de posición o se desplazaban dentro de la habitación.

Esto no significa que la tecnología funcione sin limitaciones. El sistema necesita entrenamiento previo y su eficacia puede variar según el espacio, la ubicación de los muebles, la forma de la habitación y las interferencias externas. Aun así, los resultados muestran un avance importante: la red no solo puede detectar que hay alguien presente, sino que podría llegar a reconocer quién es.

La diferencia es significativa. Detectar presencia humana no es lo mismo que identificar a una persona específica. Hasta ahora, muchas tecnologías inalámbricas se habían utilizado para registrar movimiento, caídas, respiración o presencia en una habitación. Este estudio cruza una frontera distinta, porque relaciona esas alteraciones de señal con identidades concretas.

Los investigadores señalan que el cuerpo completo puede funcionar como una huella radioeléctrica involuntaria. La musculatura, la estatura, la postura y ciertos hábitos de movimiento generan variaciones que, aunque parecen ruido para el ojo humano, pueden ser interpretadas por una inteligencia artificial entrenada.

Este avance también genera preocupación por posibles usos indebidos. En espacios públicos o privados, una tecnología de este tipo podría emplearse para vigilancia discreta, seguimiento comercial o control de movimientos sin necesidad de cámaras visibles. Un centro comercial podría analizar visitas, una oficina podría monitorear desplazamientos internos y, en contextos más delicados, gobiernos autoritarios podrían utilizarla como parte de sistemas de control social.

Los autores del estudio aclaran que la herramienta no “ve” a las personas como una cámara ni genera imágenes tridimensionales detalladas. Lo que obtiene es una firma estadística basada en la forma en que el cuerpo altera la señal. Por eso, algunos especialistas piden evitar interpretaciones exageradas, aunque reconocen que el riesgo para la privacidad merece atención.

Ante este panorama, los investigadores proponen reforzar las protecciones dentro del estándar IEEE 802.11bf, relacionado con la detección mediante señales inalámbricas. El objetivo sería impedir que ciertos datos puedan capturarse o reutilizarse fácilmente por terceros.

El estudio no demuestra que exista una vigilancia total e inevitable, pero sí deja claro que los espacios conectados contienen más información de la que muchas personas imaginan. Las mismas señales que usamos para navegar, trabajar o comunicarnos también podrían revelar nuestra presencia, nuestros movimientos e incluso nuestra identidad.

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