El mejor momento para comer postres sin elevar la glucosa
El mejor momento para comer postres sin elevar la glucosa
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El momento del día en que se consumen los postres puede ser tan determinante para la salud metabólica como su composición. La evidencia científica sugiere que el organismo no procesa los azúcares de la misma manera a lo largo de la jornada, ya que el reloj biológico regula funciones como la sensibilidad a la insulina y la tolerancia a la glucosa. En términos prácticos, el impacto de un dulce no es igual por la mañana que por la noche.

Investigadores del Medical Chronobiology Program de Brigham and Women’s Hospital advierten que el cuerpo muestra mayor capacidad para manejar la glucosa durante las primeras horas del día. A medida que avanza la tarde y llega la noche, esa eficiencia metabólica disminuye, lo que se traduce en picos de glucosa más pronunciados tras la ingesta de azúcares. Esta variación circadiana ayuda a explicar por qué un mismo postre puede generar respuestas distintas según el horario.

Un análisis publicado en Endocrine Reviews respalda esta idea al señalar que alinear el consumo de carbohidratos con el ritmo circadiano favorece un metabolismo más estable. En particular, ubicar los postres temprano en el día o integrarlos al final de una comida equilibrada se asocia con menores oscilaciones de glucosa en sangre y un mejor control metabólico general.

La sensibilidad a la insulina, clave para el procesamiento de los carbohidratos, alcanza su punto más alto en la mañana y desciende progresivamente con el paso de las horas. Por este motivo, quienes optan por un postre después del almuerzo suelen experimentar aumentos más moderados de glucosa en comparación con quienes lo consumen tras la cena. Diversos estudios también han observado que los dulces ingeridos en la noche no solo provocan picos más elevados, sino que pueden aumentar la variabilidad de la glucemia e incluso influir en los valores del desayuno del día siguiente. Harvard Health Publishing coincide en que la respuesta glucémica tiende a ser más favorable durante el día que en horas nocturnas.

Además del horario, el contexto en el que se come el postre resulta decisivo. El Joslin Diabetes Center señala que integrar el dulce al cierre de una comida que incluya proteínas, fibra y grasas saludables ayuda a enlentecer la digestión y a que la glucosa se absorba de forma más gradual. En cambio, consumir postres como refrigerio aislado o con el estómago vacío suele generar elevaciones más rápidas del azúcar en sangre.

La misma institución sugiere que acompañar el postre con alimentos ricos en proteína como pollo, huevos, pescado o yogur junto a verduras con alto contenido de fibra y pequeñas porciones de grasas saludables contribuye a un entorno metabólico más estable. Este enfoque no elimina el impacto del azúcar, pero sí puede amortiguar sus efectos.

El tipo de postre también influye de manera significativa en la respuesta glucémica. Investigaciones publicadas en Diabetes Care indican que las opciones de bajo índice glucémico, como yogur natural con frutos rojos, pudín de chía o chocolate amargo con frutos secos, generan incrementos más moderados de glucosa en sangre. Por el contrario, los postres elaborados con azúcares refinados, sobre todo cuando se consumen por la noche, tienen mayor probabilidad de desencadenar picos abruptos.

A estos factores se suman las diferencias individuales. La American Diabetes Association subraya que variables como la edad, la calidad del sueño y el intervalo entre la última comida y el descanso nocturno influyen en la forma en que el organismo responde a los dulces. Con el envejecimiento o cuando el consumo ocurre muy tarde, el aumento de glucosa tiende a ser mayor. Asimismo, dejar un margen de tiempo más amplio entre la cena y la hora de dormir puede contribuir a atenuar la respuesta glucémica.

Ante este escenario, los especialistas recomiendan un enfoque personalizado: ajustar el horario del postre, elegir opciones con menor carga glucémica y combinarlas con comidas balanceadas, al tiempo que se observa cómo responde el propio cuerpo. De este modo, es posible disfrutar de los dulces con mayor consciencia, reduciendo su impacto sobre la salud metabólica sin renunciar por completo al placer.

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