El impacto del consumo digital en la atención y la memoria
El impacto del consumo digital en la atención y la memoria

En los últimos años, entre usuarios jóvenes de plataformas digitales se ha extendido una expresión para describir la sensación de cansancio mental tras pasar horas consumiendo contenido repetitivo en línea. Aunque el término nació en el lenguaje cotidiano de las redes, la inquietud que expresa llamó la atención de especialistas en salud mental y de la comunidad científica. Un informe reciente de The Washington Post advierte que este fenómeno no es solo una percepción generacional, sino que refleja cambios en la forma en que las personas procesan la información en entornos digitales.

La rutina diaria está marcada por alertas constantes, videos breves y múltiples aplicaciones que compiten por captar la atención. Este bombardeo continuo de estímulos plantea dudas sobre la capacidad de mantener la concentración y sobre el impacto en el desarrollo cerebral, especialmente en etapas tempranas de la vida. Diversos estudios indican que la exposición prolongada a pantallas afecta tanto la calidad del descanso como procesos básicos del funcionamiento mental.

En su cobertura, la periodista Maggie Penman reunió opiniones de expertos que han observado un aumento generalizado de la distracción. Catherine Price, autora de Cómo romper con tu teléfono, señaló que muchas personas que antes podían leer durante largos periodos ahora encuentran difícil terminar un libro. A su juicio, esta dificultad para sostener la atención explica parte del estrés y el agotamiento que se perciben en la actualidad.

Investigaciones citadas por The Washington Post relacionan el consumo frecuente de videos de corta duración —como los que predominan en TikTok, Instagram o YouTube Shorts— con una disminución en la capacidad de concentración y en el rendimiento de la memoria. Un metaanálisis encontró que el uso intensivo de este formato se asocia con un deterioro cognitivo y mayores niveles de ansiedad. El cerebro humano responde de manera natural a estímulos inesperados, pero la fragmentación permanente de la atención dificulta mantener el foco en tareas prolongadas. Nataliya Kos’myna, investigadora del MIT, explicó que incluso seguir un tutorial de 20 minutos puede resultar incómodo para quienes se han habituado al consumo rápido de contenidos breves.

En el plano neurobiológico, expertos citados por el medio estadounidense, como Jason Chein, profesor de psicología y neurociencia en la Universidad de Temple, señalaron que existen diferencias en ciertas conexiones cerebrales entre personas con mayor tiempo de exposición digital y aquellas con menor uso. Aunque advirtió que estas observaciones no prueban una relación de causa directa, planteó que quienes son más propensos a distraerse podrían buscar con mayor frecuencia este tipo de estímulos.

Un estudio publicado en 2025 en la revista Translational Psychiatry, basado en datos de más de 7.000 niños en Estados Unidos, halló que el uso elevado de dispositivos se asocia con una reducción del grosor cortical en áreas vinculadas al autocontrol, la toma de decisiones y la regulación de impulsos. Mitch Prinstein, asesor científico de la Asociación Estadounidense de Psicología, explicó que estas regiones también intervienen en el control de conductas adictivas. La misma investigación observó una relación entre mayor tiempo frente a pantallas y un aumento de síntomas relacionados con el trastorno por déficit de atención e hiperactividad.

Otro factor señalado es la alteración del descanso nocturno. El uso de dispositivos durante la noche fue identificado como una de las principales causas de privación de sueño en niños y adolescentes. Prinstein advirtió que la falta crónica de descanso en etapas clave del desarrollo afecta la sustancia blanca del cerebro, responsable de facilitar la comunicación entre neuronas y que experimenta un crecimiento notable durante la adolescencia. La disminución de esta sustancia se relaciona con dificultades en la comprensión lectora, el vocabulario y el control de impulsos.

El avance de la inteligencia artificial también ha modificado los hábitos de estudio. Investigaciones lideradas por Kos’myna compararon a estudiantes que redactaron ensayos con apoyo de asistentes automatizados frente a quienes trabajaron sin esa ayuda. Los resultados mostraron que quienes recurrieron a estas herramientas retuvieron menos información y presentaron menor actividad cerebral durante la tarea. La investigadora explicó que lo que se ve afectado es la conectividad funcional entre regiones cerebrales, un fenómeno que no tiene que ver con la capacidad intelectual, sino con la forma en que el cerebro se activa al aprender.

Las consecuencias del uso de pantallas dependen en gran medida del tipo de contenido consumido y no únicamente del tiempo de exposición. Un experimento reveló que retirar las redes sociales de los dispositivos de niños redujo efectos negativos, aun cuando el tiempo total de uso no varió. Entre las recomendaciones, los especialistas sugieren evitar el uso de dispositivos en el dormitorio y cargarlos fuera del alcance durante la noche. También destacan la importancia de tomar decisiones conscientes sobre qué aplicaciones utilizar y cómo integrar las herramientas de inteligencia artificial en el estudio, ya que delegar tareas cognitivas implica un costo para el desarrollo de habilidades mentales.

Los expertos coinciden en que el desuso prolongado de ciertas capacidades puede llevar a su debilitamiento. Por ello, proponen eliminar aplicaciones que resulten especialmente distractoras, emplear bloqueadores de tiempo en pantalla y mantener desafíos intelectuales constantes como estrategias para proteger la salud mental y favorecer el aprendizaje.

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