El café, las bebidas energéticas y otros productos con cafeína se han vuelto habituales entre los adolescentes. Sin embargo, especialistas de Yale Medicine advierten que su consumo puede retrasar el sueño, aumentar el agotamiento durante el día y generar una dependencia progresiva de los estimulantes para mantenerse despiertos.

Casi uno de cada cuatro jóvenes estadounidenses consume cafeína todos los días o durante la mayor parte de la semana. A pesar de su fácil acceso, muchas familias desconocen la cantidad que ingieren sus hijos y los posibles efectos sobre su salud.
Jennifer Jiyun Park, investigadora del Departamento de Psiquiatría de la Escuela de Medicina de Yale, recomienda evitar la cafeína antes de los 18 años. También aconseja excluir las bebidas energéticas de la alimentación infantil y adolescente debido a su elevada concentración.
Las recomendaciones para los adultos son diferentes. La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos considera que una persona adulta sana puede consumir hasta 400 miligramos al día, equivalentes a dos o tres tazas grandes de café filtrado. Este límite no se aplica a menores de edad.
Un ciclo de cansancio difícil de romper
Durante la adolescencia, el reloj biológico cambia y hace que el sueño aparezca más tarde. Esta modificación natural puede dificultar que los jóvenes se levanten temprano y cumplan con sus actividades escolares.
El problema surge cuando recurren al café, las gaseosas o las bebidas energéticas para combatir el cansancio. El efecto estimulante les permite mantenerse despiertos durante algunas horas, pero también retrasa el descanso nocturno y aumenta el agotamiento al día siguiente. De esta forma, puede formarse un ciclo de consumo difícil de abandonar.
La cafeína comienza a actuar entre 30 y 45 minutos después de ingerirse. Su eliminación es lenta: luego de cinco o seis horas, cerca de la mitad todavía permanece en el organismo. Una dosis elevada puede tardar hasta 12 horas en desaparecer por completo.
Por esa razón, se recomienda evitarla después de la una o dos de la tarde, tomando en cuenta el horario de descanso de cada persona. Los adolescentes suelen ser más sensibles que los adultos y pueden experimentar molestias incluso con cantidades pequeñas.
Videojuegos, pantallas y bebidas estimulantes
El consumo de cafeína también suele acompañar las sesiones nocturnas de videojuegos. De acuerdo con Park, entre el 33 % y el 80 % de los adolescentes ingiere productos estimulantes al jugar, con el propósito de tener más energía, permanecer despiertos o disminuir el hambre.
Esta conducta también posee un componente social, pues algunos jóvenes relacionan las bebidas energéticas con la convivencia dentro de las comunidades de jugadores. Varias marcas refuerzan esta asociación mediante patrocinios de torneos y competencias.
Una sola lata puede contener hasta 140 miligramos de cafeína. No obstante, las investigaciones no han confirmado que esta sustancia mejore el rendimiento durante el juego.
El uso prolongado de pantallas puede agravar el problema porque su luz reduce la producción de melatonina, hormona relacionada con la conciliación del sueño. Si se combina con bebidas estimulantes, el cerebro puede permanecer activo durante más tiempo. Los especialistas aconsejan apagar los dispositivos entre las nueve y las diez de la noche.
Cafeína en productos poco evidentes
Esta sustancia no se encuentra únicamente en el café o las bebidas energéticas. También puede estar presente en gaseosas, chocolates, chicles y sobres saborizados.
Estos sobres suelen tener presentaciones pequeñas, sabores dulces o frutales y diseños similares a los de las mentas. Cada unidad puede contener entre 50 y 200 miligramos, cantidad capaz de alcanzar o superar la recomendación diaria para un adolescente.
La Academia Estadounidense de Pediatría aconseja evitar las bebidas energéticas y no sobrepasar los 100 miligramos de cafeína al día durante esta etapa. Para los adolescentes de menor edad se sugieren cantidades todavía más bajas, entre 30 y 50 miligramos, sin convertir su consumo en un hábito cotidiano.
Señales de un consumo excesivo
Una cantidad elevada de cafeína puede aumentar la frecuencia cardíaca y la presión arterial, además de causar palpitaciones, molestias digestivas, deshidratación, nerviosismo, ansiedad e insomnio.
Su consumo frecuente también ha sido relacionado con dificultades para concentrarse, menor capacidad para retener información y bajo rendimiento escolar. Algunos estudios citados por Yale Medicine señalan posibles vínculos con síntomas de ansiedad y depresión.
Los problemas para dormir, los temblores, la inquietud y una disminución en el desempeño académico pueden indicar un consumo excesivo. Madres, padres y docentes deben conversar con los adolescentes sobre la cafeína presente en los productos que consumen, revisar sus hábitos y buscar orientación profesional cuando los síntomas sean persistentes.
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