Las pantallas se han convertido en una herramienta frecuente dentro de muchos hogares. En medio de las obligaciones laborales, las dificultades económicas y las tareas de cuidado, madres, padres y cuidadores suelen recurrir a celulares, tabletas o televisores para entretener o tranquilizar a los niños.
Sin embargo, el debate no debería concentrarse únicamente en la cantidad de horas frente a los dispositivos. Una investigación de la Universidad Internacional de Florida indica que el estrés de los adultos también puede influir en la forma en que se utilizan las pantallas y en la capacidad para mantener reglas claras.

El estrés dificulta establecer límites
El estudio, publicado en la revista Family Relations, analizó a 822 cuidadores de niños de entre 4 y 8 años en Estados Unidos. Los resultados mostraron que quienes presentaban mayores niveles de estrés recurrían con más frecuencia a los dispositivos para calmar o entretener a sus hijos.
La investigación también encontró que los cuidadores con angustia emocional tenían más dificultades para mantener límites estables sobre el tiempo de exposición, mientras que aquellos que se sentían desbordados por la conducta de los niños utilizaban las pantallas como una salida durante los momentos más difíciles.
Los hallazgos no buscan responsabilizar a las familias ni condenar el uso de la tecnología. Por el contrario, ayudan a comprender que muchas decisiones relacionadas con los dispositivos se toman en contextos marcados por el cansancio, la presión económica y la falta de tiempo o apoyo.
La calidad del contenido también importa
Los investigadores señalan que reducir las horas de pantalla no siempre es suficiente. También es necesario observar qué contenido consumen los niños, si resulta apropiado para su edad y de qué manera se integra en la rutina familiar.
Esta visión coincide con las recomendaciones de la Academia Estadounidense de Pediatría, que propone evaluar la calidad de los contenidos y su aporte al desarrollo, en lugar de considerar únicamente el tiempo de uso.
Un informe sobre estrés parental publicado en 2023 reveló que el 33 % de los padres experimentó altos niveles de tensión, frente al 20 % registrado entre otros adultos. Asimismo, el 48 % señaló que la presión diaria llegaba a resultar completamente abrumadora.
Entre las principales causas se encuentran las dificultades económicas, las exigencias laborales, las preocupaciones por la salud y la seguridad, el aislamiento y los desafíos relacionados con el uso de la tecnología.
Cómo afecta el estrés de los adultos a los niños
La sobrecarga de los cuidadores puede reflejarse en la convivencia familiar. Cuando los adultos atraviesan altos niveles de tensión, pueden tener menos paciencia, reaccionar con mayor dureza o mostrar menor disponibilidad emocional.
Los niños suelen percibir ese malestar, aunque no comprendan completamente sus causas. La exposición constante a un ambiente de tensión puede afectar su estado de ánimo, el sueño, el comportamiento, las relaciones personales y el desempeño escolar.
Diferentes investigaciones también han relacionado el estrés parental con problemas emocionales y de conducta en niños en edad escolar. La manera en que los adultos gestionan sus propias emociones puede convertirse, a su vez, en un modelo que influye en cómo sus hijos aprenden a enfrentar la frustración y las situaciones difíciles.
En lugar de imponer únicamente reglas más estrictas, los especialistas recomiendan atender el contexto familiar, identificar señales de sobrecarga y ofrecer mayor acompañamiento a madres, padres y cuidadores. Promover contenidos digitales adecuados, mantener límites posibles de cumplir y proteger el bienestar emocional de los adultos puede contribuir a una relación más saludable entre la infancia y la tecnología.
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