Descansar en cuclillas, con los pies apoyados en el suelo y el cuerpo cerca de los talones, es una práctica habitual para personas de todas las edades en distintas ciudades de Asia Oriental. En lugares como Japón, esta posición forma parte de actividades cotidianas, especialmente en espacios donde las sillas y los inodoros elevados no son predominantes.

Aunque durante mucho tiempo se ha considerado un gesto común en varias culturas, en los últimos años despertó interés en Occidente por su posible relación con la flexibilidad, la movilidad articular y la capacidad de realizar tareas de manera independiente durante la vejez.
Esta posición profunda requiere movimiento y control de las caderas, las rodillas y los tobillos. Su práctica puede contribuir a conservar el rango articular y fortalecer las zonas del cuerpo que intervienen en acciones diarias como sentarse, levantarse, recoger objetos del suelo o utilizar el baño.
Sin embargo, especialistas consultados por la BBC advierten que no todas las personas tienen la misma capacidad para ejecutarla. Por ello, recomiendan aprenderla progresivamente, respetar las limitaciones individuales y evitar movimientos bruscos que puedan provocar molestias o lesiones.
Una práctica presente en diferentes culturas
Aunque suele relacionarse principalmente con países asiáticos, existen formas similares de esta postura en Europa del Este, África y otras regiones del mundo. El entrenador especializado en movimiento Matt Hsu explicó que diferentes culturas la consideran parte de sus costumbres y señaló que no pertenece exclusivamente a un territorio.
En varios países de Asia, mantenerse cerca del suelo continúa siendo parte de la rutina. Algunas personas adoptan esta posición mientras esperan el transporte público, conversan, descansan o comparten alimentos en establecimientos donde los clientes se quitan los zapatos y se sientan a poca altura.
En cambio, la expansión del uso de sillas y los estilos de vida sedentarios han provocado que muchas personas en Occidente pierdan progresivamente la facilidad para agacharse de esta manera. Para quienes no la practican desde pequeños, recuperar esa capacidad puede requerir entrenamiento y constancia.
Su importancia en los movimientos cotidianos
Christopher Powers, especialista de la Universidad del Sur de California, recordó que agacharse es un patrón básico del cuerpo humano. Movimientos como sentarse, ponerse de pie, levantar un objeto o utilizar el inodoro dependen, en diferentes grados, de esta capacidad.
Adoptar una posición profunda exige una mayor movilidad de caderas, rodillas y tobillos. Su práctica se ha relacionado con mejoras en la flexibilidad, ampliación del rango de movimiento y disminución de algunas molestias en la zona lumbar.
También puede favorecer la autonomía funcional, ya que conservar la capacidad de bajar y levantarse del suelo adquiere especial importancia con el envejecimiento. No obstante, la BBC señala que todavía no existen investigaciones concluyentes que determinen todos los efectos de mantener esta posición durante periodos prolongados.
Los hábitos y la anatomía influyen
La facilidad para permanecer en cuclillas depende en gran medida de las costumbres desarrolladas desde la infancia. En algunas regiones asiáticas todavía son comunes los inodoros instalados a nivel del suelo, lo que obliga a utilizar esta postura con frecuencia y contribuye a conservar la movilidad necesaria.
Los niños suelen realizarla sin dificultad debido a su mayor flexibilidad y a las proporciones de su cuerpo. Con el paso del tiempo, la falta de actividad física y el uso constante de sillas pueden reducir el movimiento de tobillos y caderas.
Powers resumió este proceso al señalar que una capacidad física que no se utiliza puede perderse gradualmente. Sin embargo, la dificultad para adoptar la postura no siempre refleja un problema de salud.
Características anatómicas como la longitud del fémur, las proporciones corporales o la estructura de las caderas pueden hacer que algunas personas necesiten separar más los pies, inclinar el torso o modificar la posición para mantener el equilibrio.
Recomendaciones para practicar con seguridad
Los especialistas recomiendan comenzar lentamente y utilizar un punto de apoyo, como una silla, una mesa o una encimera. La persona puede sujetarse mientras desciende de forma controlada hasta alcanzar una profundidad que resulte cómoda.
La práctica debe ajustarse a las capacidades de cada individuo y realizarse sin forzar las articulaciones. Con algunas semanas de entrenamiento regular pueden observarse avances en el equilibrio, la flexibilidad y el control corporal.
Esta posición no es adecuada para todas las personas. Quienes presentan dolor en las rodillas, las caderas o la espalda, así como quienes tienen lesiones o antecedentes médicos, deben consultar a un fisioterapeuta o entrenador especializado antes de incorporarla a su rutina.
Los profesionales pueden modificar el ejercicio según las condiciones físicas, las lesiones anteriores y los objetivos particulares. Como explica Powers, cada cuerpo es diferente y necesita una adaptación específica.
Una capacidad que puede recuperarse
La experiencia de Matt Hsu demuestra que la movilidad puede disminuir después de una lesión, pero también puede recuperarse mediante un proceso gradual. El entrenador contó que perdió la capacidad de agacharse profundamente tras sufrir una lesión y que logró recuperarla con práctica progresiva.
Hsu también relató que su padre tuvo dificultades para levantarse del suelo después de una caída. Esta experiencia lo llevó a reflexionar sobre la importancia de conservar movimientos básicos que, aunque suelen pasar inadvertidos, pueden resultar fundamentales para mantener la independencia y desenvolverse con seguridad en la vida diaria.
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