Incorporar nueces de manera habitual a la alimentación puede favorecer el funcionamiento del cerebro y ayudar a protegerlo con el paso del tiempo, gracias a su contenido de grasas saludables, fibra, proteínas y antioxidantes.

Este fruto seco destaca por su aporte de ácido alfa-linolénico (ALA), un tipo de omega-3 de origen vegetal que participa en el mantenimiento de las membranas de las neuronas y facilita la comunicación entre las células cerebrales. Su consumo regular se ha relacionado con beneficios en la memoria, el aprendizaje, el estado de ánimo y otras funciones cognitivas.
Sin embargo, los especialistas aclaran que el ALA no sustituye completamente al DHA presente en pescados, ya que el organismo solo puede transformar una pequeña cantidad. Por esta razón, recomiendan mantener una alimentación variada que incluya distintas fuentes de omega-3.
Las nueces también pueden ayudar a estabilizar los niveles de azúcar en la sangre por su combinación de fibra, proteínas y grasas saludables. Evitar cambios bruscos de glucosa resulta importante para conservar la atención, la memoria y la capacidad de tomar decisiones.
A esto se suma su contenido de polifenoles, vitamina E y melatonina, compuestos con propiedades antioxidantes y antiinflamatorias que ayudan a proteger las células cerebrales frente al estrés oxidativo. Este efecto podría contribuir a disminuir el deterioro cognitivo asociado con el envejecimiento, aunque ningún alimento por sí solo puede prevenir enfermedades como el Alzheimer.
Los beneficios dependen principalmente de la constancia. Una investigación publicada en 2025 encontró que adultos jóvenes que desayunaron nueces respondieron más rápido en pruebas de atención y toma de decisiones, aunque los resultados relacionados con la memoria inmediata no fueron concluyentes.
La porción recomendada es de aproximadamente siete nueces enteras o 14 mitades al día. Debido a su contenido calórico, lo aconsejable es respetar esa cantidad y combinarlas con alimentos como frutas, yogur, avena, frutos rojos o chocolate amargo.
Más que consumir grandes cantidades ocasionalmente, la clave está en incorporarlas con moderación y frecuencia dentro de una dieta equilibrada, pues sus posibles beneficios para el cerebro se construyen con el tiempo.
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