Cómo diferenciar la celulitis, la linfedema y el lipedema
Cómo diferenciar la celulitis, la linfedema y el lipedema
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Hasta 98% de las mujeres puede desarrollar algún grado de alteración estética conocida como “piel de naranja” durante su vida. Sin embargo, no todos los cambios visibles en las piernas o en la piel responden a esa misma causa. Cerca de 40% de la población femenina podría presentar trastornos como linfedema o lipedema y confundirlos con una simple modificación estética, según un artículo de profesionales de la Universidad San Jorge publicado en The Conversation.

Distinguir estas condiciones es importante porque no tienen el mismo origen ni las mismas consecuencias. Mientras la llamada “piel de naranja” suele considerarse una alteración estética, el linfedema y el lipedema son afecciones que requieren evaluación y manejo oportuno para evitar dolor, avance de los síntomas o dificultades en la movilidad.

La alteración estética de la piel, conocida también como lipodistrofia ginecoide, suele aparecer después del inicio de la menstruación. Su desarrollo está relacionado con cambios en la estructura del tejido graso y puede verse influido por factores hormonales, vasculares, metabólicos y mecánicos. Uno de los elementos más importantes es el aumento de los estrógenos, que modifica la organización del tejido adiposo y favorece el crecimiento de los nódulos de grasa.

Cuando los adipocitos aumentan de tamaño, pueden comprimir pequeños vasos sanguíneos y ralentizar la microcirculación. Esto facilita la acumulación de líquido en las zonas afectadas. Por esa razón, áreas con mayor presencia de grasa, como las caderas o el abdomen, pueden sentirse más frías al tacto.

El aspecto irregular de la piel se explica por la forma en que está organizado el tejido bajo la superficie. Existen bandas fibrosas llamadas septos, que conectan la piel con estructuras más profundas. En las mujeres, estas fibras suelen disponerse de manera vertical, mientras que en los hombres se orientan de forma oblicua o cruzada.

Cuando los adipocitos crecen y esos tabiques se vuelven más rígidos o pierden elasticidad con el paso del tiempo, se produce una tensión entre la piel y la grasa subcutánea. La grasa empuja hacia arriba y los septos tiran hacia abajo, lo que genera los hoyuelos característicos. En los hombres, la orientación distinta de estas fibras ayuda a distribuir mejor la tensión y mantiene una superficie cutánea más uniforme.

Factores como el estrés, el sedentarismo, el consumo de tabaco y el uso de anticonceptivos pueden empeorar el aspecto de la piel. Aun así, los especialistas señalan que esta condición no provoca hinchazón progresiva en las piernas, no compromete el sistema linfático y no suele generar complicaciones clínicas importantes, más allá del impacto estético o emocional.

El linfedema, por su parte, es una enfermedad crónica del sistema linfático. Se produce cuando el organismo no logra drenar correctamente el líquido, lo que genera acumulación, generalmente en las piernas. Esta situación puede afectar la movilidad, causar molestias y disminuir la calidad de vida.

Existen casos de linfedema primario, relacionados con alteraciones en el desarrollo del sistema linfático, aunque son menos frecuentes. Lo más común es el linfedema secundario, que aparece después de otros procesos médicos o condiciones previas. Puede presentarse tras la extirpación de ganglios linfáticos en cirugías oncológicas, como ocurre en algunos casos de cáncer de mama, o después de radioterapia. También pueden influir la obesidad y ciertas infecciones.

Entre las señales habituales del linfedema están la sensación de pesadez, tirantez y, en algunos casos, dolor. También puede observarse aumento del volumen de la extremidad, especialmente al final del día. Otro signo frecuente es la marca profunda que dejan las medias u otras prendas sobre la piel debido a la acumulación de líquido.

Según protocolos de Cleveland Clinic, una señal que ayuda a diferenciarlo es la dificultad para tomar un pliegue de piel en la zona afectada, conocida como signo de Stemmer. En el linfedema, la piel puede sentirse tensa y endurecida. Además, a diferencia de la alteración estética común, esta enfermedad suele afectar una sola extremidad y sí produce edema.

El lipedema también puede confundirse con piernas anchas, retención de líquidos o una forma severa de “piel de naranja”. Sin embargo, se trata de un trastorno del tejido graso que afecta casi exclusivamente a mujeres. Se caracteriza por una acumulación simétrica, dolorosa y desproporcionada de grasa en las piernas y, en algunos casos, también en los brazos.

Esta condición puede aparecer incluso en personas activas y con una alimentación cuidada. Su causa exacta aún no se conoce por completo, pero se relaciona con factores hormonales, genéticos e inflamatorios. Suele manifestarse o empeorar durante etapas de cambios hormonales, como la pubertad, el embarazo o la menopausia.

Las mujeres con lipedema suelen describir dolor al tocarse las piernas, aparición de moretones sin una causa clara y aumento persistente del volumen en las extremidades, incluso cuando el resto del cuerpo adelgaza. Estas características permiten diferenciarlo de la alteración estética de la piel, que no causa dolor, no produce hematomas y no genera un crecimiento llamativo de las piernas.

También existen diferencias entre lipedema y linfedema. El linfedema suele presentarse en una sola pierna, progresa con los años y puede hacer que la piel se vuelva tensa y dura. El lipedema, en cambio, tiende a ser simétrico y está relacionado principalmente con una alteración del tejido graso.

Mayo Clinic describe el linfedema como una hinchazón que puede afectar un brazo o una pierna, aunque en casos excepcionales puede comprometer ambas extremidades. También puede presentarse en la pared torácica o en el abdomen. Al tratarse de una enfermedad crónica del sistema linfático, requiere seguimiento y tratamiento adecuado.

La fisioterapia cumple un papel importante en el manejo del linfedema y el lipedema. En el caso del linfedema, se utiliza la terapia descongestiva compleja, que combina drenaje linfático manual, vendajes multicapa, prendas de compresión, ejercicios específicos y cuidados de la piel.

Este abordaje ayuda a reducir el volumen del edema, mejorar el funcionamiento de los vasos linfáticos y disminuir la fibrosis del tejido. El drenaje linfático manual estimula las zonas sanas del sistema linfático para compensar el trabajo de las áreas afectadas. Además, los ejercicios suaves favorecen la acción de la bomba muscular, un mecanismo natural que contribuye al retorno linfático.

En el caso del lipedema, el tratamiento fisioterapéutico busca reducir el dolor, mejorar la movilidad, disminuir la sensación de pesadez y frenar la progresión del edema secundario que puede aparecer en fases avanzadas. Como esta afección involucra grasa, líquido extracelular y pequeños vasos sanguíneos, el drenaje linfático, la compresión adaptada y el ejercicio de baja carga pueden ayudar a controlar los síntomas.

Los especialistas también recomiendan estrategias de autocuidado, como ejercicios diarios, pautas de movimiento y medidas para reducir la inflamación. Consultar a un profesional es clave cuando hay dolor, aumento progresivo del volumen de las piernas, moretones frecuentes, sensación de pesadez, hinchazón persistente o dificultad para moverse con normalidad.

Este artículo fue publicado originalmente en Infobae y está protegido por derechos de autor. Todos los derechos reservados a Infobae. Puedes consultar el artículo original en su (https://www.infoabe.com).