Cinco factores que deterioran silenciosamente la función renal
Cinco factores que deterioran silenciosamente la función renal
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La enfermedad renal crónica suele desarrollarse de manera silenciosa y, en muchos casos, las primeras manifestaciones aparecen cuando la capacidad de los riñones ya se encuentra considerablemente reducida. Esta característica dificulta el diagnóstico oportuno y limita las posibilidades de intervenir antes de que el deterioro alcance etapas graves.

Belén Alemany, especialista en nefrología en España, explicó a la revista CuidatePlus que el peligro de esta condición no se concentra únicamente en la pérdida de la función renal. Los riñones mantienen una relación estrecha con el corazón, las arterias y el metabolismo, por lo que su deterioro también eleva el riesgo de sufrir complicaciones cardiovasculares.

La enfermedad renal crónica se caracteriza por una disminución progresiva de la capacidad de los riñones para filtrar la sangre y eliminar sustancias de desecho. A medida que este proceso avanza, aumenta la posibilidad de desarrollar infartos, insuficiencia cardíaca y alteraciones del ritmo del corazón, incluso durante las primeras etapas.

Un estudio difundido por Oxford Academic respalda esta relación y señala que las personas con deterioro renal presentan un riesgo significativamente mayor de padecer enfermedades cardiovasculares. De acuerdo con Alemany, las complicaciones asociadas al corazón y al sistema circulatorio pueden llegar a representar una amenaza mayor que el propio daño renal.

Las señales pueden aparecer cuando la función ya está muy reducida

Los especialistas advierten que una persona puede no presentar síntomas evidentes aun cuando sus riñones funcionen únicamente entre un 20 % y un 25 % de su capacidad. Las señales más claras suelen manifestarse cuando la función desciende a niveles cercanos al 10 % o 15 %.

En esas etapas pueden aparecer cansancio persistente, hinchazón, pérdida del apetito y anemia. La presencia de estos síntomas puede indicar que el deterioro ya se encuentra avanzado, lo que reduce las opciones de tratamiento y recuperación.

Por esta razón, la Organización Mundial de la Salud considera que esta condición representa un desafío creciente para la salud pública y ha recomendado fortalecer las estrategias de prevención, diagnóstico y tratamiento, especialmente entre las personas con mayor riesgo.

Cinco factores que aumentan el riesgo

La hipertensión arterial, la diabetes, la obesidad, el colesterol elevado y el tabaquismo se encuentran entre los principales factores relacionados con la pérdida progresiva de la función renal. El envejecimiento de los vasos sanguíneos también puede contribuir al deterioro, principalmente después de los 40 años.

Estas condiciones pueden afectar los riñones sin provocar molestias visibles, por lo que los controles médicos adquieren especial importancia. Identificar y tratar oportunamente la presión arterial elevada, la glucosa alta, el exceso de peso o las alteraciones del colesterol puede ayudar a frenar el avance del daño.

Dos pruebas sencillas permiten detectar alteraciones

La evaluación temprana puede realizarse mediante estudios básicos de sangre y orina. En el análisis sanguíneo se mide la creatinina y se calcula el filtrado glomerular, un indicador que permite estimar qué porcentaje de la función renal permanece activo.

Por ejemplo, un filtrado glomerular de 38 indica que los riñones trabajan aproximadamente al 38 % de su capacidad. El análisis de orina, por su parte, permite detectar albuminuria, es decir, una cantidad anormal de albúmina, cuya presencia elevada puede anticipar una evolución desfavorable.

Estos exámenes permiten descubrir alteraciones antes de que surjan síntomas y facilitan la adopción de medidas para retrasar el deterioro.

Hábitos que ayudan a proteger los riñones

La prevención incluye mantener una alimentación equilibrada basada en frutas, verduras, legumbres y productos frescos. También se recomienda limitar los alimentos ultraprocesados, debido a su contenido elevado de sodio, fosfatos y otros aditivos.

Conservar un peso saludable y realizar actividad física regularmente ayuda a reducir la presión sobre los riñones y a controlar enfermedades como la hipertensión y la diabetes.

Los especialistas también advierten sobre el consumo frecuente de antiinflamatorios como el ibuprofeno y el naproxeno. Su uso sin supervisión médica puede afectar la función renal, especialmente cuando se toman durante periodos prolongados o en dosis inadecuadas.

El exceso de suplementos proteicos representa otro factor de cuidado, particularmente entre jóvenes que los utilizan para aumentar la masa muscular. Una ingesta elevada puede sobrecargar los riñones y acelerar su desgaste, según explicó la nefróloga.

Los controles periódicos pueden evitar daños irreversibles

La vigilancia médica permite detectar cambios en el filtrado glomerular o la presencia de albúmina en la orina antes de que el deterioro sea permanente. La meta es anticiparse mediante información, prevención y seguimiento oportuno.

La OMS ha planteado que la protección de la salud renal debe integrarse a las estrategias dirigidas a combatir las enfermedades no transmisibles. Esto implica mejorar el acceso a controles, fortalecer la atención de los grupos vulnerables y promover estilos de vida saludables.

Reconocer los factores de riesgo, realizarse pruebas periódicas y adoptar hábitos adecuados puede retrasar el avance de la enfermedad, reducir las complicaciones cardiovasculares y mejorar la calidad de vida de las personas afectadas.

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