En el marco del Día Mundial Sin Tabaco, especialistas en salud respiratoria encendieron una alerta por el creciente uso de cigarrillos electrónicos, productos de tabaco calentado y bolsas de nicotina entre adolescentes, una tendencia que preocupa por su capacidad de generar dependencia, afectar el desarrollo cerebral y exponer a los jóvenes a sustancias con posibles efectos dañinos en el sistema respiratorio y cardiovascular.

De acuerdo con la Asociación Argentina de Medicina Respiratoria, la edad de inicio se ubica principalmente entre los 12 y 15 años, una etapa especialmente vulnerable por el proceso de maduración neurológica. En ese contexto, una encuesta de la Fundación Interamericana del Corazón Argentina realizada en jóvenes de 13 a 18 años de la Ciudad de Buenos Aires reveló que el 38,7% probó alguna vez productos de tabaco o nicotina, el 19,4% los consume actualmente y el 8,9% utiliza cigarrillos electrónicos.
El neumonólogo infantil Maximiliano Salim, integrante del comité de Neumonología de la Sociedad Argentina de Pediatría, señaló que el crecimiento del consumo en adolescentes forma parte de un fenómeno mundial que se consolidó mientras bajaba el uso del cigarrillo convencional. Según explicó, entre los 12 y 14 años ya existe contacto con estos productos, lo que representa un riesgo importante porque más del 80% de las personas que desarrollan el hábito de consumir tabaco comienzan antes de los 18 años.
Uno de los factores que impulsa esta tendencia es la forma en que la industria presenta estos dispositivos. Mensajes asociados a menor daño, ausencia de humo, sabores atractivos y apariencia tecnológica han contribuido a instalar la idea de que son alternativas menos riesgosas, aunque los especialistas advierten que esa percepción no cuenta con respaldo científico suficiente. Para la Organización Mundial de la Salud, estas estrategias buscan captar nuevos consumidores, especialmente jóvenes, mediante productos diseñados para parecer modernos e inofensivos.
La preocupación no se limita a los cigarrillos electrónicos. Las bolsas de nicotina también ganaron presencia entre adolescentes y jóvenes. Estos productos, conocidos como pouches, son pequeños saquitos que se colocan entre el labio superior y la encía, donde liberan nicotina que se absorbe rápidamente por la mucosa bucal y llega al torrente sanguíneo hasta alcanzar el cerebro. Aunque no producen humo, mantienen el riesgo de dependencia y facilitan el contacto temprano con la nicotina.
Otro punto señalado por la Asociación Argentina de Medicina Respiratoria es que muchos usuarios no abandonan el cigarrillo tradicional, sino que combinan su consumo con dispositivos electrónicos u otros productos similares. Este uso dual incrementa la exposición a nicotina y a compuestos dañinos, además de asociarse con mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, respiratorias y metabólicas. Los especialistas también advierten que estos dispositivos pueden funcionar como puerta de entrada al tabaquismo en jóvenes que nunca habían fumado.
En materia de salud, los efectos reportados incluyen dependencia, tos crónica, bronquitis, recaídas más frecuentes en adolescentes con asma, menor tolerancia al ejercicio y peores resultados en pruebas vinculadas al consumo de oxígeno. En casos graves, se ha identificado una lesión pulmonar aguda asociada al uso de cigarrillos electrónicos, conocida como EVALI, un cuadro severo que puede comprometer la oxigenación y requerir internación en cuidados intensivos.

El impacto de la nicotina es mayor cuando el consumo comienza a edades tempranas. Según los especialistas, el cerebro continúa su maduración hasta aproximadamente los 24 o 25 años, por lo que la exposición durante la adolescencia puede alterar la atención, la memoria, la conducta y la presión arterial. También se advierte que el uso de nicotina durante el embarazo puede afectar al feto y que aún se desconoce el alcance total del daño a largo plazo, debido a que muchos de estos productos llevan menos de dos décadas en el mercado.
Para las familias, detectar el consumo puede ser difícil, ya que estos dispositivos suelen ser pequeños, fáciles de ocultar y en muchos casos no dejan olor en la ropa ni en el ambiente. Ante esto, los especialistas recomiendan abrir espacios de conversación entre padres e hijos, abordar el tema en escuelas, clubes y centros comunitarios, y llevar la prevención a los mismos canales donde los adolescentes reciben mensajes de promoción, especialmente redes sociales.
En Argentina, la Asociación Argentina de Medicina Respiratoria también cuestionó la habilitación de un régimen de registro y comercialización de cigarrillos electrónicos, productos de tabaco calentado y bolsas de nicotina, al considerar que representa un retroceso en las políticas de prevención y control del tabaquismo. La entidad, junto con otras organizaciones científicas y sociales, solicitó la suspensión de la Resolución N° 549/2026 y de la Disposición ANMAT N° 2543/2026, reclamando controles más estrictos para proteger a niñas, niños y adolescentes frente a la adicción a la nicotina.
Los especialistas coinciden en que la prevención debe comenzar antes del primer contacto, porque una vez desarrollada la dependencia el abordaje se vuelve más complejo. Por eso insisten en comunicar de forma clara que el diseño atractivo, los sabores agradables o la ausencia de humo no convierten a estos productos en seguros, especialmente cuando se trata de adolescentes.
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