La forma en que comienza el día también puede influir en la salud metabólica. El hígado cumple funciones esenciales relacionadas con el procesamiento de nutrientes, el almacenamiento de energía y la eliminación de sustancias del organismo, por lo que mantener hábitos saludables desde la mañana puede contribuir a protegerlo a largo plazo.
Este cuidado cobra especial importancia ante el aumento de problemas asociados con el sobrepeso, el sedentarismo y una alimentación poco equilibrada. La enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica, conocida como MASLD, es actualmente una de las afecciones hepáticas más frecuentes y está estrechamente relacionada con estos factores.

1. Elegir un desayuno equilibrado y con menos azúcar
Un buen punto de partida es reducir la cantidad de azúcares añadidos durante la primera comida del día. El consumo frecuente y excesivo de azúcar puede favorecer el aumento de peso y la acumulación de grasa en distintos órganos, incluido el hígado.
Por eso, conviene priorizar desayunos con alimentos frescos y poco procesados que aporten fibra, proteínas y grasas saludables. Opciones como avena con fruta, yogur natural sin azúcar, huevos con vegetales o pan integral con aguacate pueden ayudar a mantener una alimentación más equilibrada y favorecer un mejor control de la glucosa.
La recomendación general es sencilla: mientras menos espacio ocupen los productos altamente procesados y las bebidas azucaradas en el desayuno, mayor será la oportunidad de comenzar el día con una carga metabólica más saludable.
2. Incorporar movimiento después del desayuno
No es necesario realizar una rutina intensa de ejercicio cada mañana para obtener beneficios. Una caminata corta después de desayunar puede ayudar al organismo a utilizar mejor la glucosa y sumar minutos de actividad física a lo largo de la semana.
El ejercicio regular está relacionado con una mejor salud cardiovascular y metabólica, y también puede contribuir a reducir la acumulación de grasa en el hígado.
Caminar, subir escaleras, hacer estiramientos o desplazarse a pie durante algunos minutos son alternativas sencillas para evitar comenzar la jornada de manera completamente sedentaria.
3. Preferir café o té sin exceso de azúcar
El café también ha sido objeto de diferentes investigaciones por su posible relación con una mejor salud hepática. Diversos estudios observacionales han encontrado asociaciones entre su consumo habitual y un menor riesgo de algunas enfermedades del hígado.
Sin embargo, la forma de tomarlo importa. Añadir grandes cantidades de azúcar, jarabes, cremas o saborizantes puede aumentar considerablemente las calorías y disminuir los beneficios de elegir una bebida sencilla.
Para quienes no consumen café, el té verde sin azúcar puede ser otra alternativa, ya que contiene diferentes compuestos antioxidantes que continúan siendo estudiados por sus posibles efectos sobre la salud.
Más allá de estas tres prácticas, cuidar el hígado requiere mantener hábitos saludables durante todo el día. Dormir adecuadamente, controlar el estrés, mantenerse activo y llevar una alimentación variada forman parte de una estrategia más completa.
No existen alimentos ni rutinas capaces de “desintoxicar” el hígado de forma milagrosa. Lo que realmente puede marcar la diferencia es la constancia: pequeñas decisiones saludables repetidas cada día pueden convertirse en una importante inversión para el bienestar a largo plazo.
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